
Envenenarle el vodka... incendiar su casa... pintarme con su sangre y salir a voltear el primer 67 que pase al grito de "esto era lo que te gustaba de mi enfermo???" por ultimo tatuarme en la plaza de mi barrio...
O bien, dejar de escuchar canciones deprimentes y melancolicas por las calles del barrio Belgrano, recordando, reviviendo y quiza temerosa esperando...
La ciudad de a ratos se convierte en un gran campo minado...